Del Crimen a la Justicia
Cine
Reportaje
Alimentos y Nutrientes
Señal de Vida
Vitalidad Plena
Cronica Notarial
Reportaje Especial
La Esquina Latina
Buenos Dias Canada
Corresponsal en Peru

BUENOS DIAS CANADA

Por: Richard Molinares Vargas

De un padre a su hijo

Un Mensaje Hermoso

Sin duda alguna que la magia del Internet nos abre las puertas (y los ojos) a un mundo donde la realidad muchas veces supera a la ficción. Los internautas pueden navegar por páginas web tanto para culturizarse como para divertirse. En este último caso, muchas de ellas son prohibidas para menores y otras de menores están prohibidas para los grandes, llámese juegos u otras diversiones infantiles.

Recuerdo que una vez le dije a mi hija Evonne que el Internet te muestra ventanas buenas y malas y que ya dependía de ella si las abría o no. Claro que en esta época de avances tecnológicos y de multiplicación de hormonas de crecimiento a un ritmo desmesurado siempre en bueno echar un ojo (y la mitad del otro aunque nos quedemos tuertos) a lo que nuestros hijos observan a través de la pantalla.

Casi a diario nosotros, sin querer queriendo, recibimos mensajes, poemas de alabanzas y otras loas en nuestros e-mails, la mayoría insignificantes que antes que nos alegren la mañana o el día nos encolerizan por lo absurdo de los temas.

Sin embargo, hace algunas horas, recibí de parte de mi esposa Yanet (y esta a su vez lo recibió de una amiga) un bello mensaje 100 por cierto reflexivo y real, que lo podría catalogar como uno de los mas bellos correos web que he recibido en mi vida.

Una vez que lo terminé de leer no supe si llorar o aprender a vivir de nuevo. Cada fragmento del poema que un padre dedica a su hijo y le da mil recomendaciones para hacer más llevadero los últimos instantes de su vida, calan tan hondamente en el corazón que a uno se le derrite y lo deja listo para el anticucho, como decimos nosotros los peruanos.

Dicho poema lo quiero compartir con ustedes, sobre todo con los más jóvenes. Les ruego tener la paciencia de masticar cada párrafo del mismo, cerrar los ojos y vernos también viejos, casi indefensos, como algún lo seremos, siempre y cuando papá Dios nos brinde el regalo de la vida para llegar a la tercera edad y poder así abrazar a nuestros nietos y contarles nuestras aventuras de chiquillos y de cómo los hilos de esa madeja llamada existencia nos hizo llegar a Canadá para sembrar la semilla y enrumbar el camino de ellos mismos.

Por favor acomódense la silla, sus anteojos o lo que sea y disfruten de la magia de las sabias palabras y la buena literatura.

QUERIDO HIJO:

“El día que me veas mayor y ya no sea yo, ten paciencia e intenta entenderme.
Cuando, comiendo, me ensucie; cuando no pueda vestirme: ten paciencia, recuerda las horas que pasé enseñándotelo.
Si, cuando hablo contigo, repito las mismas cosas, mil y una veces, no me interrumpas y escúchame, cuando eras pequeño, a la hora de dormir, te tuve que explicar mil y una veces el mismo cuento hasta que te entraba el sueño.

No me avergüences cuando no quiera ducharme, ni me riñas, recuerda cuando tenía que perseguirte y las mil excusas que inventaba para que quisieras bañarte.

Cuando veas mi ignorancia sobre las nuevas tecnologías, te pido que me des el tiempo necesario y no me mires con tu sonrisa burlona. Te enseñé a hacer tantas cosas… comer bien, vestirte… y como afrontar la vida, muchas cosas son producto del esfuerzo y la perseverancia de los dos.

Cuando en algún momento pierda la memoria o el hilo de nuestra conversación, dame el tiempo necesario para recordar, y si no puedo hacerlo, no te pongas nervioso, seguramente lo más importante no era mi conversación y lo único que quería era estar contigo y que me escucharas.

Si alguna vez no quiero comer, no me obligues, conozco bien cuando lo necesito y cuando no.
Cuando mis piernas cansadas no me dejen caminar…dame tu mano amiga de la misma manera en que yo lo hice cuando tú diste tus primeros pasos.

Y cuando algún día te diga que ya no quiero vivir, que quiero morir, no te enfades, algún día entenderás que esto no tiene nada que ver contigo, ni con tu amor, ni con el mío. Intenta entender que a mi edad ya no se vive, sino que se sobrevive.

Algún día descubrirás que, pese a mis errores, siempre quise lo mejor para ti y que intenté preparar el camino que tu debías hacer.

No debes sentirte triste, enfadado o impotente por verme de esta manera, debes estar a mi lado, intenta comprenderme y ayúdame como yo lo hice cuando tú empezaste a vivir.

Ahora te toca a ti acompañarme en mi duro caminar, ayúdame a acabar mi camino, con amor y paciencia, yo te pagaré con una sonrisa y con el inmenso amor que siempre te he tenido. Te quiero hijo”.

PADRES DE SUS PADRES

Llegado el momento en la vida de hombres y mujeres, muchas veces los hijos se convierten en padres de sus propios padres, donde ellos tienen que ocuparse de los quehaceres de sus progenitores porque estos perdieron sus fuerzas juveniles y sus manos se convierten en mantequillas que dejan caer, como sus memorias al viento, todo objeto rompible al piso.

Así es la vida y solo habría que estar preparados para cuando llegue ese momento, ya sea cuando debemos atender a nuestros padres o cuando nuestros hijos se terminen de ocupar de nosotros al final de nuestro camino. Repasemos nuestras andanzas y preguntemos a nuestra alma si merecemos lo uno u lo otro.

Solo ruego que cuando yo esté viejito no sea más renegón de lo que ya soy y que mis nietos no se burlen -al menos que no los vea-, de mi calvicie que es un castigo de mis genes y del paso del tiempo.